Yo no tenia ni la mas remota sospecha cuando la vi por primera vez, que esa extraña se convertiria en la primera y unica mujer que casi, casi lograria romperme el corazon; la primera y unica mujer que haria el primer intento audaz de despojarme de la inocencia.
Esa fue, sin duda alguna, la experiencia de mi vida que dejo cicatrices imborrables en lo mas profundo de mi alma. Fue una experiencia inolvidable que dejaria memorias impresas en marmol por las siguientes dos o tres decadas de mi vida. Ninguno de los dos teniamos ni la menor idea cuando nos cruzamos en aquel baile de inauguracion escolar que algo tan trascendental se desarrollaria en las primeras semanas de clase.
Fue inevitable: yo me enamore de ella. Las cosas ocurrieron sin que yo pudiera hacer nada al respecto. En aquella temprana edad de quince años, no se razona. Uno es vulnerable al aroma embriagante de su perfume, esa sonrisa cautivante, el blanco impecable de sus dientes. Y no se diga cuando sonreia y pestañeaba coquetamente. Oh!
Y para colmo de males, Diana poseia esa belleza interna que va mas alla del fisico; esa belleza interna que no tenia nada que ver con el cutis delicado de su piel blancanieves; esa belleza que no se puede adquirir con cremas ni maquillaje: la virtud y un caracter encantador. He aqui una mujer que a pesar de ser hermosa y de familia distinguida, era una de las mujeres mas humildes y llevaderas que yo jamas haya conocido. Con estas cualidades, y siendo la hija del embajador colombiano en esta pequeña nacion, Diana era definitivamente una de las jovencitas mas codiciadas de esta pequeña ciudad caribeña.
Con el correr del tiempo nuestra amistad crecio, y esa amistad en un momento inesperado se convirtio en amor; en amor o algo parecido al amor. Definitivamente se desarrollo una fuerte atraccion sexual. Desde el principio yo sabia que estaba cometiendo un error. Pero no pude manejar mis sentimientos.
Tal vez yo hubiera recapacitado un poco mejor si hubiese sabido cuan intima era su amistad con su novio. Pero a mi edad, era inconcebible que la mujer de quien yo estaba enamorado pudiese tener un amante. Hasta esa fecha, yo me habia enamorado muchas veces de chicas inocentes: sus edades variaban entre los seis y los quince años.
Nunca pude imaginarme que uno de estos seres que para mi significaban tanto, pudiese hacerme lo que Diana me hizo a mi. Ella me hizo amarla, mientras que ya estaba compartiendo con alguien mas el acto supremo que un hombre y una mujer pueden compartir. De esta manera, yo llegue a conocer lo que son los celos: una mezcla de tristeza, amargura con odio y desprecio hacia ella y el.
No se me olvida aquel angustioso dia cuando me toco descubrir, por puro accidente, que Diana y su novio eran amantes. Fue un golpe estremeciente.
Por pura casualidad yo tuve escuchar la conversación entre Diana y una de sus amigas. Cuando comprendi de que hablaban, senti hundirme en un vacio oscuro y sin fondo. La tristeza que me agobio fue semejante a la tristeza que solamente habia sentido cuando murio mi abuela.
Desde ese momento me hice una promesa: nunca volver a fijarme en una mujer que ya esta comprometida. Solo de esta manera podia asegurarme que esta clase de situación no se repetiria.
Recuerdo aquella hermosa tarde que pasamos juntos en el cadalso de su casa. Esa mañana ella habia decidido ir al grano y hacer un ultimo intento de llevar a cabo sus intenciones al invitarme a su casa. La invitación me tomo por sorpresa. Yo acepte sin pensar, un poco nervioso al imaginarme las consecuencias de estar a solas con esta mujer.
Al llegar a su casa, mi corazon palpitaba aceleradamente. Toque a la puerta y Diana abrio. Sorprendentemente, ella tambien estaba muy nerviosa. Nuestros ojos se encontraron, y hubo una pausa bochornosa al no saber que decirnos. Lucia muy preciosa. Su melena negra suelta sobre sus hombros, la revelante mini-falda negra, sus pies completamente desnudos y esa blusa celeste coquetamente desabrochada para mostrar el sostén negro. Todos estos detalles no dejaban ninguna duda que ante mi se encontraba una mujer que no le tenia temor a ningun hombre ya que la vida no le tenia secretos; Diana habia experimentado de todo, al menos por una vez.
Minutos mas tarde, nos encontramos a solas, sentados uno frente al otro, Diana clavándome la mirada con una aparentemente dulzura que no lograba ocultar sus intenciones deshonorables. Cuando alze la vista, senti que el corazon me dio un vuelco dentro del pecho al cruzarme con esos ojos negros que parecian querer devorarme. En ese momento me arrepenti de haber aceptado esa invitación, y senti deseos de alejarme de ese lugar lo mas pronto posible, antes de que fuese muy tarde.
Diana debe haberse percatado de mi nerviosismo ya que en ese instante se levanto de su asiento y dijo que iba a buscar unos refrescos. Minutos mas tarde, se escucho la musica de Roberto Carlos en el fondo: “Sonriendo te abraze......”
Diana regreso con dos vaso de jugo. Me ofrecio uno. Al entregármelo, las yemas de nuestros dedos hicieron contacto, dejando escapar una descarga electrica que por poco me hace dejar caer el vaso en el suelo.
Luego entablamos una conversación sobre los acontecimientos cotidianos; los profesores y sus flaquezas; nuestras materias favoritas; los problemas familiares; su niñez en Colombia.....y de repente.......Diana abordo el tema del amor!
Ella se encontraba de pie a mis espaldas. Mientras que yo le narraba con entusiasmo una de mis aventuras cazando iguana con mis amiguitos en El Salvador, la atrevida de Diana puso su mano derecha sobre mi hombro izquierdo y dejo correr su mano lentamente hasta lograr acariciarme el cabello. Yo me calle al perder el habla.
Con una voz muy melosa Diana comenzo: “Alfonso, usted. y yo necesitamos tocar cierto tema, tarde o temprano........”
Buscando una salida a esta situación tan incomoda, el recuerdo de su novio me vino oportunamente a la memoria. Y senti un ataque fugaz de furia al recordar que Diana no tenia ningun derecho de proponer lo que iba a proponer en los siguientes minutos.
De un tono seco le dije: “Diana, por favor no me toques.” Hubo una pausa prolongada donde solo se escuchaba la fuerte respiración de ambos. Sin saber que decir, ella retiro su mano. Yo agregue, “Creo que es mejor que me vaya....”
Sin decir palabra, y sin mirarle al rostro, me marche.
Al llegar a casa me sentia confundido. Sentia orgullo al no haber manchado mi dignidad, aunque al mismo tiempo sentia un cierto remordimiento de haber rechazado tan linda mujer. Y en el fondo de mis entrañas, mi espiritu machista me daba bofetadas al recordarme que mi conducta no fue la conducta de un verdadero hombre que nunca debe dejar pasar por alto toda buena oportunidad.
La relacion entre Diana y yo podia describirse como una serie de lecciones de lo que es el amor y los celos. Y aunque Diana Victoria Hernández y yo nunca fuimos amantes, Diana fue definitivamente la mujer que me convirtió en un hombre. Fue ella quien me enseño que uno nunca debe enamorarse de una mujer que ya esta comprometida. Y el hombre que viole esta regla tendra que atenerse a las consecuencias.
Muchos años mas tarde, 3000 millas lejos de aquella pequeña nación caribeña, finalmente, una jovencita audaz logro obtener de mi lo que Diana intento obtener en vano. Si, ha habido otras mujeres; ha habido amantes de vez en cuando. Pero ninguna de ellas tuvo el impacto que Diana tuvo en mi vida. Doce años mas tarde, aun suspiro inconscientemente cuando la imagen de Diana me viene a la memoria.
Todo ocurrio cuando parti rumbo a la exotica ciudad de Québec, localizada a tres horas de Montreal, en “La Belle Province”. Ahí, durante una calida tarde de verano, en la soledad de mi humilde dormitorio, yo perdi la inocencia.
Lo recuerdo como si todo hubiese ocurrido ayer: la respiración jadeante mezclada de extasis, mientras ella me transportaba a un lugar remoto y desconocido del universo. Minutos mas tarde, este viaje culmino en un gemido nervioso confundido por el panico. Y fue en ese preciso instante cuando estalle en mil pedazos y toda parte de mi ser se rego por la inmensa galaxia. Lo que me parecio una eternidad mas tarde, logre descubrir mi cuerpo agotado y semi-inconsciente, mis ojos fijados en el techo, pensativo. En silencio murmure, “Mi niñez.....se ha quedado atrás para siempre.”
Diana! Si solamente yo hubiera sido menos altanero, tu hubieras tenido este previlegio. Maldita sea! Pero mi orgullo y mi dignidad son mas importantes que cualquier impulso fisico. Y hasta hoy dia me enorgullece mucho poder decir que nunca complaci los deseos caprichosos de Diana. Nunca....nunca......